Editorial Aula Libre nº3. Nueva Época.

LA ESCUELA ALEGRE Y CONFIADA

Empezó el curso hace ya unos meses, con la vuelta del alumnado a las aulas, algo que en el curso anterior no estaba del todo garantizado. Niñas y niños se alegraron de encontrarse de nuevo en la escuela, y su alegría contagió a los interinos que vieron la lista echar a correr y también a las familias que se libraron de pensar el menú de cada día. Otro año más y otro año menos, sin haber salido de la pandemia (aumenta precisamente el contagio de menores), pero con expectativas menos sombrías que las del curso pasado.

Ilustración de Portada. Cristina Faciaben


El curso empezó sin que funcionara adecuadamente la conexión a internet de la cual graciosamente decidió responsabilizarse y pagar la Consejería de Educación en la CAM en las escuelas públicas de la comunidad. Es una pena llegar a preguntarse si no es otra nueva zancadilla de nuestra consejería a la escuela pública, dadas las constantes vicisitudes azarosas en el día a día de nuestro trabajo. Parece como si una mano negra echara abejas en el aula para distraer al alumnado pues ni siquiera garantiza que esa conexión gratuita funcione bien y posiblemente te dejará sin poder trabajar con la lección que tenías preparada en el Aula virtual. O quizá no puedas pasar lista a no ser que saques el móvil. Estas son las herramientas que nos da nuestra consejería de Madrid y mucho nos tememos que sea parecido en otras comunidades. Eso sí, nos enorgullece nuestra valentía de salir al frente con una gran dosis de confianza y seguridad en nuestra labor en circunstancias poco favorables.


El curso comenzó con el rumbo de cada año y este curso daremos un paso más. El crecimiento de la escuela privada y concertada; provoca que el porcentaje de la escuela pública sea cada vez menor en el conjunto de España y llegue a cifras insultantes en dos autonomías, Madrid y País Vasco, donde casi están igualadas, y en algunos núcleos urbanos los centros públicos ya son minoría. El saqueo más grande de la educación pública está en áreas en las que la supervivencia económica es un principio más fundamental que el derecho a la educación. Sería una pena saber un día que el negocio de la educación crea mayor número de ricos que de estudiantes felices; mientras crean hambrientos, amasan el pan. Hemos visto madrugones a las puertas de la FP y muchísimas matriculaciones que se han quedado sin plazas. Los fondos de inversión parecen haber fijado sus intereses en esta etapa no obligatoria de enseñanza. España siempre ha sido muy deficitaria en su Formación Profesional. Y nos da la impresión de que esa dejadez no se arregla hasta que no hay dinero de por medio para que se lo lleven los de siempre u otros nuevos de la misma cofradía. La LODE, la LODE, el secreto de la LODE… Lo que tenemos todavía es un insuficiente cumplimiento de una ley aprobada en 1985.

El curso comienza con el rumbo de cada año y este curso daremos muchos pasos más. Este año asumimos la responsabilidad de mostrarle al conjunto del estado que la COVID ha sido superada. Bien es cierto que antes fueron los sanitarios quienes arriesgaron sus vidas llevando a cabo una labor que les honra. Ahora entendemos que el profesorado tiene que normalizar el día a día y lograr que el pulmón social de la escuela permita al resto de la sociedad volver a la normalidad. Pero sentimos que el reconocimiento a profesionales de la sanidad y la educación es el mismo: cierres de plazas públicas y degradación de nuestro servicio. La conversión de horas lectivas en no lectivas aumenta la carga del profesorado otro año más; la ratio del alumnado vuelve a competir y a superar en mucho casos las ratios pre-pandemia; la atención al alumnado más desaventajado se reduce, porque esta bendita COVID lleva aprobando de manera graciosa a la mayoría de aquellos los últimos dos cursos y eso quiere decir que se abolió el desfase curricular de dos años en nuestro sistema educativo y con ello el apoyo que recibía ese alumnado en el programa de compensatoria. Cada vez hay menos bedeles en mi centro. Y con la lata del internet, se hace un logro tener fotocopias listas para una clase en la que tampoco vas a tener Aula virtual, ni mapas proyectados, ni nada de lo que normalmente trabajas con una computadora.

Y así empieza el curso. Como la ciudadanía de aquella ciudad alegre y confiada descrita por Benavente, profesorado y familias y toda la comunidad educativa, que es lo mismo que decir todo el mundo, nos vemos en la dicotomía de aceptar a los venecianos y sus abusos o declararles la guerra. Y ante esta situación seguimos perplejos, porque la guerra no la queremos nunca y tampoco podemos aceptar que la escuela pública eche a andar dejada de la mano de los responsables públicos en la educación, que más bien le está poniendo la zancadilla. Pero esto lo viene haciendo gota a gota y será que el vaso se derramó hace tiempo. Pasarán la bayeta y aquí no ha pasado nada.

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