Caminando con el feminismo por las aulas hacia la libertad

Noemí Simarro López

Decidí ir caminando por al lado de las vías del tren hasta encontrar un lugar tranquilo y solitario donde tomar un baño y sentarme a releer “Crimen y castigo”. 

Archivo personal de la autora

Raskólnikov, el protagonista del libro, había cometido los asesinatos y estaba en la comisaría a punto de confesar su crimen. Esta escena me llevó a repasar todas las confesiones de los asesinos que matan a sus mujeres y posteriormente se delatan, y reflexionaba que, si a estas “personas” les queda una ínfima parte de bondad humana, no deben poder soportar matar a alguien a la que se supone que habían querido, por lo que debe ser tan descomunal su miseria interna que ya no les queda otra opción más que entregarse a las fuerzas policiales, o suicidarse. 

Instintivamente me giré y vi que un hombre con actitud invasiva estaba apenas a dos metros detrás de mí, mirándome. 

¡Qué asco! Me ha roto el momento- me dije.

Recogí mis cosas, miré a mi alrededor y observé que si gritaba los chicos de la calita más cercana me podían escuchar (confiando en que me ayudarían), del mismo modo pensé que yo estaba en mejor forma física que el indiscreto señor, por si me tocaba correr, y que tenía piedras a mi alcance por si la situación se ponía muy tensa.

Sin pensármelo demasiado, en un primer momento le dije que si no había más rocas en la playa, que me estaba intimidando, y él contestó lo evidentemente esperado: que la playa no era mía; así que apoderada por la rabia le grité que estaba allí para intimidarme y que lo sabía, que era un capullo. 

Pensé que yo estaba en mejor forma física que el indiscreto señor, por si me tocaba correr, y que tenía piedras a mi alcance por si la situación se ponía muy tensa.

Él también me insultó, pero creo que sobre todo se quedó sorprendido. Supongo que no está acostumbrado a que las chicas le hablen de esa manera. Supongo que está acostumbrado a que pasen miedo y se vayan, o igual no está acostumbrado a encontrarse chicas solas en un lugar tan aislado de la costa, ya que constantemente perdemos cierta libertad por no tener que enfrentarnos a estas tesituras. (Quiero aclarar para los conspiranoicos que en esa zona playera hay por lo menos 3 km de rocas donde tumbarse).

Se les puede llamar conspiranoicos, negacionistas de las violencias machistas, abolicionistas del feminismo, o cualquier insulto que se te ocurra. Por momentos, pienso si los conspiranoicos que no creen que existe el coronavirus, o que existe a causa de una guerra bacteriológica, y además saben el porqué y qué países están involucrados, son los mismos que los que creen que las mujeres se hacen las víctimas del maltrato y que hacen denuncias falsas. Resuelvo que no, ya sé que no son necesariamente los mismos, pero los aborrezco por igual.  

Y atención que no se trata de una cuestión moralista, estoy de acuerdo con las relaciones sexuales esporádicas que se den con consentimiento en la playa o en cualquier lugar. Se trata de que cualquier persona (ya que si hubiera sido una mujer o cualquier otro género también me hubiera sobrecogido) cuando le dices que te sientes intimidada se preocupe, se responsabilice, y dadas las circunstancias sociales respecto a las agresiones sexuales creo que no es tan difícil que especialmente los hombres, que son los que mayoritariamente las realizan, tengan un mínimo de sensibilidad hacia las mujeres que las rodean.

En mi día de lectura playera, continué con mi novela cerca del chiringuito, después del susto estar rodeada de gente me hacía sentir más en calma. Justo el amigo de Raskólnikov le ofrecía traducir un texto feminista que defendía que las mujeres también eran personas en el debate histórico de sí lo eran o no, y he apreciado necesario que, aún pareciendo filosofías súper desfasadas, hombres como él y como muchos aún deberían leer estos textos.

Llegué a casa pensando sobre lo ocurrido y de repente me sentí aliviada y afortunada, ya que había tenido una salida por donde huir, podía correr o caminar deprisa (como hice) y escapar de aquella situación. Sentí este alivio irrumpido por la tristeza al pensar en todas las mujeres que en este confinamiento han tenido que sobrevivir en la misma casa que sus agresores, sin esa salida, sin esa escapatoria, sin ese ver la vecindad y decidir irse con la esperanza de recibir la ayuda que fuera necesaria.

La violencia familiar es una de las más penetrantes que podemos sufrir, ya que la sufres en el propio hogar, se desvanece la zona de descanso: que tus criaturas te peguen, que tu padre abuse de ti sexualmente, que te rechacen por tu orientación sexual, que tu novio te viole, que tu marido te maltrate… son violencias de las que necesitas mucho apoyo social para poder salir de ellas, y al sufrirlas en casa en época de confinamiento obviamente se incrementan y se vuelven más significativas.

Las llamadas durante la cuarentena al 061 y al Institut Català de les Dones han aumentado entre un 70 y un 88 por ciento, depende de donde extraigas los datos. Según Raquel Escurriol, estas llamadas reportaban consultas por violencia física, sexual y/o económica, y que de forma predecible  el confinamiento ha llevado a más control y abuso de poder por parte de los agresores y a más miedo e identificación de la violencia por parte de las víctimas, que además han conectado con la incapacidad por la imposibilidad de acción.

Asimismo, estas denuncias son inviables porque muchas de las que sufren violencia tienen el riesgo de quedarse sin casa. Como último recurso pueden ir a una casa de acogida, recurso necesario, pero quizás la gestión de estas debería repensarse, porque generalmente, allí de nuevo se les invalida su autonomía: no escogen ni cómo ni con quién vivir, se las infantiliza y se les exige una actitud de sumisión, no tienen ni siquiera derecho a escoger el menú que quieren comer, además serán juzgadas y desaprobadas si de alguna manera quieren seguir con su relación, en definitiva, pasarán de sufrir violencia por parte de sus parejas a sufrir toda la violencia institucional que está instaurada.

Con las pandemias mundiales seguimos las instrucciones sanitarias para paliar o reducir el contagio. Con la violencia machista deberemos hacer un análisis profundo del discurso y las prácticas que utilizamos en las aulas, y trabajar y trabajarnos para ofrecer a nuestro alumnado la posibilidad de una sociedad más justa y libre. Ya se ha jugado mucho con el paralelismo del mal que produce el coronavirus con el mal de otros virus sociales, como el capitalismo, el racismo, el machismo…sin embargo, igual lo que no se ha escuchado tanto una solución unitaria contra estas lacras, ya que bajo mi punto de vista, la solución a estas problemáticas tiene un punto en común, que valga la redundancia, es el de priorizar el bienestar comunitario.

Kropotkin decía que las especies que más posibilidades tienen de sobrevivir son aquellas que saben encontrar en la solidaridad la mejor arma para asegurar su devenir. El profesorado debería hacer un esfuerzo por entender qué significa ser solidario, escuchar de manera activa a todo el alumnado dándoles la misma voz, demostrar que se puede vivir de manera más íntegra colaborando entre todos y todas, haciendo un análisis de realmente cuáles son nuestras necesidades, qué estructuras sociales y económicas fomentan una sociedad más equitativa, una vida que merezca la pena ser vivida por cada ser de este planeta, y por el planeta en sí. 

Así que como docentes no solo debemos llevar una práctica en el aula con equidad de género: regular el uso de los espacios en los centros educativos entre la masculinidad y la feminidad, la participación de las estudiantes en los debates, dar voz a todas las mujeres y/o personas de otros géneros que han destacado en la historia, en la ciencia, en la literatura, generar relaciones de buen trato entre todo el alumnado, hacer dinámicas para subvertir los roles marcados por sexo, utilizar un lenguaje no sexista… sino que debemos concienciarnos y concienciar de las desigualdades existentes, preparar charlas, funcionar por asambleas, tener un discurso por la tierra, por la liberación animal, anticolonial y antirracista. Debemos formarnos para llevar a las aulas la importancia de las redes de apoyo, de generar grupos de confianza y de cuidarnos mucho más allá de la pareja. 

La solución a estas problemáticas tiene un punto en común, que valga la redundancia, es el de priorizar el bienestar comunitario.

Tal como dice Laura Macaya “la prevención de la violencia implica otorgar a la gente un salario mínimo, acceso a la educación, atención sanitaria y condiciones de vida seguras”. Los poderes públicos deberían asegurar estos derechos humanos mínimos, sin embargo, publican leyes que se quedan en papel mojado, ya que el capitalismo no podría asumir esto para toda la población, necesita de este patriarcado al igual que del racismo para poder subsistir, porque se alimenta de estas desigualdades. Desde la docencia se debería reformular en las aulas y en los centros un sistema que rompa con el sistema imperante, y fomentar la dignidad del alumnado para que reclame estos derechos que les deberían ser propios.

Para lograr poner la vida en el centro todo el sistema debería cambiar. Fomentar las buenas actitudes y la confianza en aquellos a quienes se le es arrebatada por haber nacido en una clase o género desfavorecido, fomentar un espíritu de superación, pero haciéndoles conscientes de las desigualdades que sufren a nivel social y económico, es decir, no hacer una sentencia firme hacia la responsabilidad individual por no alcanzar los objetivos, que es la típica falacia que se utiliza para infravalorarlos. Hace poco se apenaba una profesora de bachillerato reflexionando sobre el trabajo de investigación que hacía su alumnado. Comparaba estos trabajos con los de su sobrino, el cual tenía un trabajo excelente; ahora bien, este había pasado por tres manos de familiares especializados en la temática. Prácticamente ningún alumno ni alumna de los institutos de barrios desfavorecidos tienen gente cercana experta en ninguna materia académica, las personas de clase baja justo pueden sobrevivir con trabajos precarios, no tienen padres ni madres profesoras, médicas, biólogas…

Deberíamos introducir el feminismo autónomo en las aulas para fomentar la dignidad de los géneros, razas, clase, diversidad de orientación sexual, personas con diversidad funcional y darles poder y herramientas para que se sientan libres y con la autonomía y recursos.

Así que el profesorado de estos centros debería obtener más recursos para poder paliar estas desigualdades (y que no se vaya el dinero a los centros concertados) y del mismo modo debe inmiscuirse en los contextos donde ejercen, y buscar colaboraciones de entidades especializadas. Y hago una llamada para que no apuesten por la vía fácil, por las charlas que hacen los cuerpos policiales sobre violencia machista, en las que remarcan las consecuencias legales y la represión, sin darse cuenta (o no) de que su mismo cuerpo fomenta las actitudes que ellos y ellas mismas critican. Dicen que el maltrato se debe denunciar cuando después son los mismos que habitualmente ejercen la violencia. 

Puedes llamar a la policía si lo necesitas como última instancia, porque así está montada la sociedad. Pero este no puede ser nuestro primer paso, y ni mucho menos nuestro único discurso, pues así no se generará una sociedad más libre y democrática, sino más represora y menos autónoma. Además, desde los cuerpos policiales se insiste para que se realice la denuncia en comisaría, una denuncia que en la mayoría de casos ponen en peligro a las víctimas, las deja desamparadas y ante toda la violencia institucional detallada, mas la violencia judicial. Es conocido que las personas que ejercen la magistratura en los juzgados de violencia son mangoneados por sus compañeros y compañeras, pues son los juzgados con menos prestigio, una representación paradigmática de la sociedad.

Archivo personal de la autora

Asimismo, podemos comprobar que la Ley Orgánica de Violencia de Género no ha logrado una disminución de la violencia. Las leyes obedecen a una igualdad formal, muy alejada de la realidad. Así que más allá de las normativas adecuadas, considero que deberían primar los mecanismos de desactivación del conflicto, primando las medidas sociales y recursos económicos, y en última instancia recurrir a las penales, y se debería primar la autodefensa feminista; desarrollar una educación en valores, autonomía personal, implicación de la ciudadanía en la resolución del conflicto. 

Deberíamos introducir el feminismo autónomo en las aulas para fomentar la dignidad de los géneros, razas, clase, diversidad de orientación sexual, personas con diversidad funcional  y darles poder y herramientas para que se sientan libres y con la autonomía y recursos, para que al menos tengan estrategias para saber poner límites a cualquier baboso de la playa o de la calle, o a cualquier agresor de sus casas.

Por último, mencionar el legado de Mujeres Libres sobre romper con las concepciones imperantes del orden social, ellas ya a principios de siglo XX, afirmaron que no es necesario el liderazgo jerárquico y autoridad política para guiar a la población ni un poder coercitivo para imponerlas. Desde su postulado anarquista sostienen que las jerarquías formales no solo son dañinas sino innecesarias, y que existen modos alternativos, horizontales y más igualitarios de organizar la vida social. Y remarcar que la naturaleza humana es una construcción social, que somos producto de las estructuras de donde nacemos, pues la identidad individual se construye a partir de la comunidad donde creces, por ello el profesorado tiene tanta capacidad de acción, pues son en gran parte las y los encargados de desarrollar estrategias que permitan al alumnado tomar consciencia de sus propias capacidades, y los que también pueden fomentar ese cambio en las estructuras.

Acceso al artículo en la edición impresa:

SIMARRO LÓPEZ, N. “Caminando con el feminismo por las aulas hacia la libertad”, Aula Libre, 1 (enero, 2021), pp. 36-41.

Para citar la versión online:

Noemí Simarro López, «Caminando con el feminismo por las aulas hacia la libertad», Aula Libre (Internet), 24 de enero 2021. ISSN : 1989-7006. URL: https://aulalibrefecgt.com/2021/01/24/caminando-con-el-feminismo-por-las-aulas-hacia-la-libertad/

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